Punto final

Me siento frente al escritorio; para no perder las costumbres una taza de café me acompaña y, frente a ella, el mismo cuaderno de siempre. Reviso rápidamente las hojas llenas de palabras que alguna vez me animé a otorgarles libertad. Dejo esos momentos para el olvido, es tiempo que no volverá.

Detengo mi mirada en el espacio que estaba buscando: los textos inconclusos, los tachones la frustración… deseo fervientemente cerrar ese momento. Finalmente sucede, después de un par de meses en el dique seco encuentro las palabras que desbordan mi corazón, desafortunadamente sé bien que han llegado para marcar un fin.

Hace un poco más de diez meses decidí darle vida a este absurdo blog. Al pobre lo he abrumado con graves errores, incongruencias y sentimentalismos vagos, pero, en honor a la verdad, aseguro fue construido con todo el amor que cabía en mi pecho.

Entre días malos y días buenos fui descubriendo un mundo que hace tiempo me hacía falta. El arrepentimiento de algunas publicaciones no se hacía esperar, a los pocos minutos quería desaparecerlas, sin embargo, era consciente de que los errores también nos forman, así que ahí quedaban; ausentes de orgullo, pero listas para enfrentarse al mundo. Tampoco faltaron aquellas que abusaron de una lógica exagerada, quería más sentimiento y les robé ese importante detalle. Ahora debo dejar ir todo ello, la vida es así, nada se resuelve volviendo la vista atrás. El pasado es tan solo un momento difuso en nuestra memoria que, con el paso de los años, se transforma tanto como lo hace nuestra existencia.

Marcar un fin no es tarea sencilla, en este preciso momento, cuando derramo tinta sobre las hojas de mi cuaderno, intento aferrarme a todas las ideas que surgen desde mi corazón. Son tan solo insensatos impulsos que pretenden rescatar un momento que ha dejado de pertenecerme.

Terminé mi café, una fuerte lluvia golpea los cristales del lugar; la nostalgia encuentra su hábitat ideal y yo… decido que es el comienzo del final.

Aparto por un momento el drama e intento convencerme de que estas no serán las últimas palabras que escribiré. Disfruto enormemente de estos momentos de auto-conocimiento como para dejarlos perder en el vacío. No obstante, reitero la necesidad de este final.

¿Qué pretendo con esto? Contarme con sinceridad el aprendizaje obtenido durante este tiempo. Así de simple.

Libertad. No existe palabra alguna que irrumpa el sentimiento de frescura que otorga el poder “ser” con estos pequeños momentos que dan vida. En honor a tan grata palabra me tomo el atrevimiento de citar a Cervantes: “La libertad Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encumbre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”.

Frustración. Vamos, me he equivocado un sinfín de oportunidades a lo largo de mi vida, sin embargo, cuando escribía sobre equis tema, los errores pasados o presentes saltaban a la realidad, dispuestos a alborotar todo el proceso, minaban mis pretensiones, ahogaban mi pasión… Pero mantenía mi curso, porque también aprendí sobre la resistencia, claudicar es un grave error que nos puede pesar para siempre.

Amor, en su más pura expresión. Con el paso de las publicaciones solo logré comprender una cosa: la gente buena siempre es mayoría. Afortunadamente durante esta corta experiencia tuve más réplicas sobre mis textos de las que jamás habría imaginado. Completos desconocidos opinando sobre mis letras (críticas incluidas) desde rincones lejanos a mi realidad. Y por supuesto, el amor de los que están cerca, los que me dieron un impulso en los días más grises, los que entendían el peso de las palabras en mi corazón.

Me intento convencer que tan solo es un blog, que resulta absurdo crear un lazo emocional con algo inexistente, algo virtual. Pero esa cuota latente de romanticismo me impide hacerlo, me dice que lo acepte como normal, que incluso el amor más rastrero deja huella en esta insensata percepción de la realidad. Como diría el buen Sabina, ‘La noche que perdiste el miedo al miedo fue tan corta que dura todavía’.

Por el tiempo entregado, por leer por criticar, por aburrirse y demás, tan solo puedo y debo decir: Gracias totales.

Que el mundo nos encuentre felices, luchadores, con ganas de vivir. Que la vida nos alcance para soñar, para cumplir las metas, para amar sin dudar. Desconocemos el desenlace final, pero poseemos este momento para empezar a navegar. Icemos las velas, juguemos con la brújula, expliquémosle al universo que esta oportunidad es única.

Decimos adiós porque es justo, porque podemos, porque queremos, pero –realmente- decimos adiós para avanzar, porque en la medida que soltemos lograremos abarcar.

Non omnis moriar multaque pars mei vitabit Libitinam

Horacio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s