Indefensión Aprendida

Mil y un batallas se presentan día a día, entre dimes y diretes avanzan con valentía todos los corazones que no desean perder la oportunidad de transitar por esta vida con una sonrisa en el rostro. Aunque ocasionalmente, es justo recordarlo, la sonrisa se oculta debajo de un sinfín de situaciones adversas a los días que se antojan como exquisitos.

“La indefensión aprendida es un estado psicológico que se manifiesta cuando una persona comienza a sentir que es incapaz de modificar alguna situación, comportamiento o estado mediante sus conductas. Es decir, que nuestra conducta o actos no influyen en el resultado obtenido. Esto genera en la persona un sentimiento de falta de control sobre su ambiente y sobre las circunstancias que le rodean, siendo inútil cualquier esfuerzo que realice para el control de estos. De esta manera, el simple hecho de pensar que tus actos no modificarán una situación concreta, te llevarán a evitarla o a no enfrentarte a la misma. Este estado psicológico suele aparecer cuando vives situaciones de forma reiterada en las cuales tus actos no generan el efecto deseado, y te sientes incapaz de hacer algo ante ello. La percepción del entorno como incontrolable, independientemente de nuestros actos, es el que desencadenará este estado. Aunque posteriormente esa situación se modifique, seguirás creyendo que es mejor no hacer nada porque la solución no se ha debido a tu actuación sobre la misma. Así, el patrón de actuación de estas personas ante las adversidades queda limitado a la paralización, bloqueo, huida, evitación o simplemente, el no afrontamiento. Dicho de otra forma, la persona se encuentra pasiva ante lo que surge en su ambiente a pesar de tener la posibilidad de intentar ayudarse a sí misma. Es aquí cuando la indefensión aprendida se ha instaurado. Esta indefensión tiene unas consecuencias en las cuales la autoestima se ve afectada negativamente y donde la motivación al cambio se ve gravemente disminuida, quedando la voluntad de la persona subordinada a cualquier aspecto no generado por ella”.

Abusé con la cita anterior porque consideré que cada una de las palabras eran necesarias para entender el concepto; sepáis disculpar.

Cuando tuve conocimiento de la indefensión aprendida creía que no era para tanto, que de una u otra forma solo la sufren aquellos que no ven las cosas con clarividencia. Pensando un poco más y abandonando la burbuja del ‘yo no…’, me hice una pregunta fundamental, ¿quién tiene las cosas claras?

Reivindico mi posición sobre lo acelerados que estamos en la sociedad. Los tiempos nunca parecen suficientes y el correr de un lado a otro es una característica básica de quién se cree muy útil en su posición… o no. Este mundo nos exige una conducta específica para adaptarnos al diario vivir, nos pide lo que es justo para el progreso y… no creo que somos conscientes de ello. El miedo es dueño y señor de cada acción que realizamos, decide por nosotros; y no justamente en situaciones como ‘no salir a la calle a las dos de la mañana’. Don miedo te susurra al oído que ‘no te quejes del abuso laboral de tu jefe’, o también que ‘no alces la voz a la autoridad corrupta’. En fin, son muchos los casos y estoy seguro que ustedes pueden llegar a ellos por cuenta propia.

Una de las técnicas más apetecidas por los maestros escolares es dejar a sus alumnos en un estado de indefensión, así, no pierden jamás el control sobre ellos. Esta práctica se mantiene en las aulas universitarias y luego en los cubículos de las oficinas. En este punto lo animo a leer nuevamente el concepto de indefensión aprendida, mientras tanto yo planteo una nueva pregunta: ¿Para qué?

Digamos que desde muy chico los sometemos a Juanita y Pedrito a una conducta nociva para ellos, pero esencial para nosotros. Me explico. Desvalorizamos el actuar de estos dos personajes, minimizamos sus metas y nos reímos de sus comportamientos erróneos para la sociedad. Mantenemos esta conducta durante largo tiempo y en un futuro ellos mantendrán esta misma práctica con todos quienes estén bajo el poder de su palabra; así es como se crea un círculo vicioso sin salida de emergencia. Voilà tenemos dos instrumentos más; Juanita y Pedrito dejaron de ser para dedicarse a pertenecer.

Monos y Plátanos

Un equipo de investigación formado por zoólogos y antropólogos encerró a cinco monos en una jaula. En el centro colocaron una escalera y, sobre ella, un racimo de plátanos. Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría a presión sobre los que se quedaban en el suelo. Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono intentaba subir la escalera, el resto lo impedían. Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono se atrevía a subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos. Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.

Lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue intentar subir la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar. Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso. El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos. Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. El comportamiento de los monos no dista mucho del comportamiento de nuestra sociedad actualmente y, por supuesto, la indefensión aprendida juega un papel fundamental en el experimento. Al igual que ellos, muchas veces nosotros actuamos por inercia, porque así son las cosas, porque las leyes están escritas de determinada forma, etc. Al final del día nos basta con sobrevivir y no nos atrevemos a realizar el acto más fácil, pero a la vez, más ingrato del ser humano: pensar.

Pensamos en un sinfín de situaciones, pensamos todo el día, pensamos hasta cuando estamos durmiendo: el cerebro tan solo se apagará el día de nuestra muerte. Y entre tanto pensamiento pueril, nos olvidamos de cuestionar. Me ratifico en la última palabra como el elixir del pensamiento, ¿qué somos si no cuestionamos? ¿Hacia dónde nos dirigimos siguiendo órdenes? El ser humano, a diferencia de otras especies o de las máquinas que nuestro propio ingenio construye, tiene la capacidad de razonar.

Entonces, si poseemos la capacidad suficiente para razonar y cuestionar, ¿por qué no lo hacemos? La respuesta a ello es ambigua y podría extenderme largamente para intentar explicarla, no obstante, por más palabras que utilice, no voy a llegar a un consenso entre todos quienes me leen, así que daré mi pequeño punto de vista, muy personal, muy mío.

Como preámbulo a mi respuesta quiero decir que hemos aceptado la indefensión aprendida como parte de nuestra vida por dos hechos muy simples: no sabemos que somos víctimas de ella y, no sabemos que podemos destruirla. Nuestros comportamientos pueden ser transformados y, por ende, los resultados en nuestra vida serán distintos. Hay mucha información al respecto en internet y lo invito a que busque aquella que sintonice con sus intenciones (que asumo como buenas).

El meollo. No razonamos o cuestionamos lo suficiente por simple comodidad. Las cosas están dadas de determinada forma y nos quedamos admirándolas o criticándolas desde la orilla, pasivos ante la vida que se escurre entre nuestros dedos. Es lo más fácil y banal, jamás seremos criticados por dejar que las cosas ‘sean como tienen que ser’. Pero atreverse a pensar diferente es un riesgo para los mandos de poder, ¿se han dado cuenta?

El día de hoy dejo las preguntas vagando en el aire. Solo puedo animar a quien se atrevió a leer hasta el final a luchar contra la indefensión a la que nos ha sometido los gobiernos, las empresas y nuestra sociedad. La verdad es compleja y podría decirse que casi un reflejo de nuestra personalidad. Encontrarla puede ser un trabajo de una vida entera, probablemente inalcanzable. Creo que ese es el reto al final de todo, descubrir, divertirse con ello, sonreír. Todo es posible, solo que en un inicio necesitamos afrontar la realidad, entender que tal vez nuestras capacidades y conocimientos se quedaron estancados en la voluntad de otro que no se atrevió un poco más.

Hoy es el mejor momento de defender nuestro aprendizaje.

Un comentario sobre “Indefensión Aprendida

  1. Es difícil darse cuenta que uno puede ser víctima de agresividad que solo tenia como objetivo generar dependencia hacia el agresor. Solo nos damos cuenta con el tiempo. Gracias por compartir este post.

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