Made in Ethiopia

Hoy empiezo con los datos, si me quedan fuerzas, opino.

  • Walk Free Foundation estima que en el mundo hay 40,3 millones de esclavos.
  • En Estados Unidos hay 403.000 personas que viven bajo esclavitud moderna.
  • En Gran Bretaña se estima que hay 136.000 esclavos (El gobierno dicen que son entre diez mil y trece mil).
  • De los 40,3 millones de esclavos en el mundo, el 71% son mujeres y el 29% hombres. Además, 15,4 millones de personas son víctimas de matrimonios forzados y 24,9 millones a labores forzadas.
  • Corea del Norte tiene la prevalencia más alta de esclavitud moderna en el mundo, con un estimado de 1 de cada 10 personas (2,6 millones) víctimas de trabajo forzado.
  • El top cinco de productos (en riesgo de esclavitud moderna) importados en el grupo del G20 son: Computadoras, laptops y celulares por un valor de 200,1 billones de dólares. Vestimenta por un valor de 127,7 billones de dólares. Pescado por un valor de 12,9 billones de dólares. Cacao por un valor de 3,6 billones de dólares. Caña de azúcar por un valor de 2,1 billones de dólares.
  • Los mayores consumidores de los productos antes mencionados son: Estados Unidos (144 billones), Japón (47 billones), Alemania (30 billones), Gran Bretaña (18 billones) y Francia (16 billones).
  • La multinacional Nike Corp. tiene en sus fábricas del Tercer Mundo (donde se concentran más del 90% de sus trabajadores) niños esclavos. A estos niños se les paga 15 centavos de dólar la hora, suelen tener entre 2 y 15 años y trabajan entre 12 y 14 horas diarias.
  • El coste de unas zapatillas Nike no supera los 75 centavos de dólar, pero en Ecuador se venden por unos 120 dólares. Reebok, Adidas y muchas otras mantienen los mismos modelos de trabajo.

Hasta aquí con los datos. La información al respecto es mucho más amplia y los invito a buscarla por cuenta propia, créanme que se van a sorprender.

El punto principal. Días atrás tomaba una taza de café y me preguntaba en qué momento nos hicimos tan indolentes. Me explico. Delante de mí estaba el periódico con noticias poco alentadoras. Siempre ganan las portadas las noticias de corrupción o las trágicas, en las páginas intermedias gobiernan los chismes y en las últimas se completa con cualquier cosa que logre convencer al lector que vale la pena comprar ese papel impreso.

Estoy impreciso y me valgo de un ejemplo. El día antes de leer el periódico estuve en el aeropuerto de Catamayo, en el avión arribaron dos asambleístas que representan a mi provincia. Era jueves, ya no legislaban, viajaban en avión (el costo en pasajes se aproxima a 250 dólares ida y vuelta) y sonreían de par en par, como jactándose de su presencia. Obviamente estaba indignado porque…lo van a justificar, siempre lo hacen, algo dirán que logrará calmar sus corazones ante la indolencia de gastarse quinientos dólares cada fin de semana. Se podrían quedar en Quito, ahorrar ese dinero, donarlo a quien de verdad lo necesita… pero se van a justificar.

Otro ejemplo. Una buena amiga compró el nuevo Iphone Xs (o algo así), también había comprado el que fue vendido el año anterior, y también el del año anterior, etc. Toda una fanática. El precio real del costo de fabricación del celular es una cuarta parte del precio de venta. Bueno, no parece tan malo después de todo; solo que… lo compran todos los años y su fabricación implica altos niveles de contaminación y esclavitud. Como que valdría la pena pensar en ello.

Resumo. La idea a la que quiero llegar luego de los datos y las pequeñas anécdotas personales es hacia nuestra conciencia. Somos justos en la medida de nuestra moral. Luchamos acorde a las circunstancias que creemos y no de acuerdo a la realidad. Utilizo más ejemplos sencillos para explicarme: Un comunista twittea desde un Iphone, un ambientalista viaja veinte veces al año en avión, un defensor de derechos humanos compra cigarrillos a un niño en la calle; en fin, los ejemplos están a la vuelta de la esquina, puede animarse a abrir los ojos y buscar los propios. Por cierto, yo me compré una chaqueta, es mi favorita. En su etiqueta dice Made in Ethiopia.

A raíz de ese momento me di cuenta que todos nos hemos abalanzado sin medida sobre el mismo barco; somos buenos en la medida que nos aferremos a los comportamientos sociales, somos dignos mientras sigamos las normas establecidas.

Saben, hablo reiteradamente de lo mismo, de los comportamientos sociales que están aceptados tácitamente. Y sí, me preocupo demasiado por ello. ¿Por qué lo hago? Porque somos conscientes en la medida que no afecte nuestros intereses y eso me asusta. Si todas las personas del planeta tuviesen la huella ecológica promedio de un residente de Qatar, harían falta 4,8 planetas. ¿Qué culpa tiene de ello un campesino en Camboya o un niño en Bangladesh?

No hay culpa, pero nosotros justificamos nuestro ritmo de vida, nuestros deseos y aspiraciones en la medida que podamos consumir más. Un tiempo consideraba mis últimas palabras como ridículas, realmente creía que tenemos el derecho de hacerlo, independientemente de la “suerte” con la que cuenten los demás. Hoy pensar de esa misma forma me pesa, me duele. A pesar de las amenazas de un buen amigo cuando estábamos en la etapa universitaria, no perdí las ganas a los veintisiete, sino que estas aumentaron. Lastimosamente esas ganas se han visto transformadas en desesperación. Me duele la indolencia, me duele la verdad de nuestro mundo.

Y sí, yo puedo hacer tanto como sea posible para utilizar solo mi pedazo de mundo, hago lo posible para que mi día a día transcurra de forma muy distinta a la de un ciudadano de Qatar. Pero soy consciente de que aquello no basta, que hace falta más esfuerzo y, sobre todo, que de una vez por todas seamos consecuentes con el planeta en el que vivimos…nuestro único hogar.  ¿Y ahora? Realmente no lo sé. Quien me lee constantemente sabe que si escribo es porque busco respuestas a esas preguntas que golpean incesantemente la conciencia. Quiero encontrar una salida justa para todos, menos egoísta, más viable para defender el planeta y a todos quienes habitamos en él. Es hora de trazar un camino acorde a las necesidades reales: respirar bien, comer lo necesario y disfrutar lo que nos rodea. La fiesta, los viajes, la ropa, el celular, e incluso Marte (el planeta rojo) puede esperar. Es hora de empezar a salvarnos.

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