Statu quo quo (cua cua)

Nos ha vendido hasta el comportamiento… y nosotros lo compramos.

Días atrás la marca Apple anunciaba una nueva serie de productos, los medios de comunicación y sus fieles seguidores se alarmaban con el evento. Debo hacer una pequeña acotación al respecto: no me gusta Apple, definitivamente no puedo con ello. No juzgo su calidad, aunque tampoco me asombra. Sin embargo, me crea cierta repulsión lo que la marca significa. A mi criterio y poniéndolo en palabras simples, Apple vende productos que maquillan la pueril existencia de las personas.

Ok. Eso sonó un poco duro y estoy seguro que no aplica para todos sus usuarios, pero sí para una mayoría que con el paso de los años al verse en la la obligación de mantener ese estatus que la marca brinda, han perdido la objetividad para calificar sus productos. El amor es ciego, incluso cuando este se profesa al consumismo.

Regreso a la presentación. Más allá de los elevados costos de sus insumos y de sus actualizaciones operativas (totalmente desactualizadas en comparación con otras empresas), me voy a enfocar en un pequeño detalle que fue el que impulsó mis palabras en esta ocasión.

Ofertan un monitor (solo pantalla, absolutamente nada más) en cuatro mil novecientos noventa y nueve dólares. Bueno, los expertos sabrán su valía. Lo curioso de todo esto es que…el soporte no viene incluido. Cuando lo supe pensé que era una broma de redes sociales, me dije yo mismo ‘No pueden ser tan $%&@’; pero lo son. Si no conocía esto le recomiendo que vaya a leer las noticias y se sorprenda por cuenta propia.

Ahora bien, como si esto no fuese suficiente, ofrecen y presentan el soporte “Pro Stand” como accesorio del monitor a un precio de novecientos noventa y nueve dólares -buen marketing, venderlo a mil hubiese sido grotesco-. Más allá del sarcasmo o de la impresión que esto me puede generar a mí o a cualquier otra persona con sentido común, me duele la actitud de ciertos usuarios de la marca.

Ya discutí esto del Pro Stand… Lo siento, me encanta escribir y mencionar Pro Stand, es que imaginen, le ponen ‘pro’ a algo y la figura de una manzana mordida e inmediatamente aumenta su valor, sin importar su calidad. Es ridículamente sorprendente. Regresando a los usuarios, en parte los respeto y los entiendo. Con esta absurda intención del mundo de intentar pertenecer a cualquier costo a determinado grupo o en su caso, a ser socialmente aceptado por las adquisiciones de las que son capaces, pueden cometer los actos más absurdos sin darse cuenta que tan solo son víctimas de un muy elaborado proceso de mercantilismo. Los justifico en base a su necesidad de pertenecer, no obstante, si alguien me dice que un pedazo de aluminio con el logo de Apple vale la pena mil dólares, mi consideración se vendrá abajo por completo.

No más Apple. Utilicé el ejemplo de la manzanita para este post porque de todas las cosas absurdas que somos capaces de hacer por el statu quo, el ejemplo presentado anteriormente me parece la cereza del pastel.

Quo quo cua cua… Sí, entre tantas cosas sobre las que quisiera dedicarme a escribir, la absurda necesidad de pertenecer es una de las que más llama mi atención. Saben, este es un momento de completa sinceridad así que contaré algo muy personal. He intentado ‘pertenecer’ en un sinfín de ocasiones, he intentado adaptarme a las modas, a los comportamientos e incluso a los patrones de consumo. Fracasé en cada intento. Al final del día cuando pensaba en lo que le estaba haciendo a mi identidad mi corazón sufría demasiado. Quisiera decir que fue en un abrir y cerrar de ojos cuando descubrí que debía ser fiel a mi alma por más que esta difiera de muchas otras. No fue así, me costó años darme cuenta. Ahora a mis veintisiete puedo decir que soy YO. No un ejemplo a seguir, no el tipo popular o peor aún el que se lleva aplausos por el simple hecho de respirar…Pero soy yo y ese descubrimiento no tiene precio ni comparación. Créanme, si yo pude, cualquiera puede, todos estamos hechos de la misma materia.

Hablo de todo menos de lo que debo. El statu quo. “El origen de esta locución es una expresión latina empleada en el lenguaje jurídico: in statu quo ante bellum, que quiere decir que las cosas se deben dejar «en el estado en que se encontraban antes de la guerra», o sea, que los contendientes deben retirar sus tropas y devolver (o recuperar) los territorios conquistados, así como renunciar a cualquier otro tipo de ventajas políticas o económicas que hayan podido adquirir durante el enfrentamiento.”

Actualmente la concepción social que se tiene del statu quo difiere de sus razones iniciales. La RAE no acepta el uso que se le da sobre los comportamientos sociales, pero seamos sinceros, la RAE hace mucho tiempo que ha perdido credibilidad en cuanto a… en cuanto a todo.

Con mis palabras. Este término de statu quo lo aprendí con la música, allá en mis quince escuché una canción que cambió mi perspectiva sobre los comportamientos sociales y como debemos adaptarnos a las circunstancias para permanecer como parte de un grupo. Dado esto, para mí el statu quo son las conductas aprobadas por un grupo de individuos para ser considerado parte de la sociedad, obviando por completo si éstas son buenas o malas. Lo ideal es conducirse bajo ellas sin argumentos que puedan refutarlas para no correr riesgo de exclusión.

¿Seguimos? Sí. En base a mi percepción del statu quo finalmente explico las razones de mi texto. Hace más de quinientos años llegó la conquista española a Latinoamérica y se cometió uno de los peores genocidios conocidos, hace ochenta años, durante la segunda guerra mundial empezaba otro. Hoy en día, en pleno siglo XXI, nos estamos matando de igual forma, solo que lo celebramos inconscientemente.

Los modelos de consumo abusan de nuestra incapacidad de observación sobre las conductas que nos transforman en mejores o peores personas. Quinientos años después de la conquista y descubrimiento de América lo único que podría decir es que, en lugar de avanzar hacia un futuro prometedor, nos estamos dirigiendo vertiginosamente hacia el final de nuestros días y a nadie parece preocuparle porque… “Las decisiones se toman en el momento de tomarse” (Mariano Rajoy).

 Siempre hay una razón, la mía es romper paradigmas. Hoy escribo porque todavía no pierdo la confianza en las personas, porque sé que en el fondo –a veces muy en el fondo- a nadie le interesa el statu quo. La vida es una dicotomía que se nos presenta de forma compleja. Lo fácil, lo que carece de importancia puede ser accesible por determinada cantidad de dinero. En cambio, lo importante, aquello que nos puede definir como personas o hacernos trascender en la eternidad no puede ser comprado. Suena como un cliché, pero no deja de ser cierto.

Un ejemplo. Puedes comprarte un Samsung S10 en mil dólares y una Mac en cinco mil. Puedes viajar cada tres meses a un destino en el extranjero, puedes manejar los mejores autos y gastar tanto como quieras cada fin de semana en fiestas quocéntricas. El dinero puede mucho…. Pero no puede comprar una sonrisa, un abrazo o el amor. Sin dinero a lo sumo llegarás a caminar a tu casa porque no alcanza para el bus, tendrás que justificar tu felicidad con paseos al parque en lugar del exterior; mantendrás tu cabeza levantada todo el tiempo porque en tus manos no habrá un celular que te distraiga; tu corazón latirá más por las sonrisas que saques a los tuyos que por los halagos que te hagas frente al espejo. Después de todo no suena tan mal, ¿no?

Así que vamos, rompamos el statu, no dejemos rastro en la sociedad. Prefiero ver caminar a mil personas diferentes frente a mí que encontrarlos obligados por la misma voluntad. De nada sirve lo que se pueda demostrar, no olvidemos que lo importante es SER en este mundo que poco a poco estamos abandonando. Las masas roban identidad a los grandes corazones, la igualdad solo debe existir para precautelar nuestras condiciones. Se diferente, se original, que no exista miedo si tu vida has de quebrar. La vida es esto, allá no hay nada más. Que el statu quo al que debamos pertenecer sea al latido de nuestro corazón que nos indica por donde correr.

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