El derecho de los invisibles

Hurgando entre mis libretas de anotaciones encontré este tema que me había propuesto escribir hace algún tiempo atrás. No tenía muchas palabras claves, sin embargo, la que me llamó la atención para publicarlo fue una que mencionaba que debía enfocarme en aquellas personas que tienen mucho que decir pero que nunca alzan la voz. No sé qué tan comunes son, pero a mi entender habitan en cada rincón del planeta. Personalmente me he encontrado con gente muy capaz, con ideas brillantes y, sobre todo, con corazones tan grandes como sus buenas intenciones. Sin embargo, todo queda ahí, en intenciones porque no logran elevar la voz lo suficiente como para hacerse escuchar.

No se los puede culpar bajo ninguna circunstancia por no decir lo que piensan o peor aún reclamarles por guardar sus buenas ideas para ser mencionadas con temor bajo los efectos de un buen café. Por supuesto, alguien tiene que asumir la responsabilidad por ello, pero quién. Encaucemos el asunto desde lo más grande a lo más pequeño. Principalmente la culpa recaería sobre la sociedad, en general y sin discusión posible al respecto. Todos somos cómplices de un silencio que puede ser mortal.

Sigamos como sociedad y cuestionemos dos cosas. La primera de ellas, es sobre los acontecimientos que aplaudimos y los que reprochamos. No vayamos muy lejos, que esto también cuente como ejercicio personal, mientras tanto, yo pongo un ejemplo que sirva de guía. Se pasa por alto que artistas, futbolistas, youtubers, etc. digan cualquier cosa al aire y/o por medio de redes sociales. Se da cobertura a esas manifestaciones y todos felices. Ahora bien, por otro lado, existen seres que pasan desapercibidos y que pueden aportar más al mundo que todo el ámbito farandulero, pero nadie les da la atención debida. Lo realmente importante en la vida no es un buen negocio para los peces gordos.

La segunda situación que invito a cuestionar es sobre quiénes son estos invisibles y por qué no les damos la atención que requieren. La primera respuesta es sencilla, la mencioné hace un momento, porque lo importante no vende. Otra respuesta que podría encajar aquí es porque nos avergüenza. Aceptémoslo, cuantos utilizan la burla como escudo para no prestar atención a la vida. Otro ejemplo -me encantan los ejemplos-. Haga un ejercicio sencillo y mire sus grupos de WhatsApp, ¿qué se comparte en ellos y qué no? Yo hablo personalmente por los míos, en la mayoría de ellos, la comunicación se ha visto llena de memes o videos graciosos, cuando alguien comparte una noticia importante o algo que invite a razonar o cuestionar equis postura, existe un silencio sepulcral que fomenta a la proliferación de nuevas almas invisibles.

¿Por qué somos así? Discuto sobre esto con frecuencia. Es más sencillo ser un ignorante feliz que un amargado inteligente. Eso sonó feo, Bukowski lo expresa mejor “La tristeza es causada por la inteligencia. Cuanto más comprendas ciertas cosas, más desearías no comprenderlas”.

No estoy tratando de ignorante a nadie, eso suele ofender a las personas. Yo personalmente acepto mi ignorancia en un sinfín de situaciones y no me afecta. No está mal aceptar nuestras limitaciones, lo que sí está mal es creer que estamos más capacitados que lo que realmente estamos. Es lo mismo, ¿no?

Regresando a los grupos de WhatsApp y a las cosas que hoy en día consumimos gracias a la hiperconectividad del siglo XXI. Es justo creo yo, dejar de dar importancia a lo superfluo. Está bien reírse, no hay nada malo en eso. La vida pasa rápido y solo poseemos este momento, pero también así… la vida pasa rápido y no podemos ser tan egoístas con nuestra presencia en el mundo; no es una cuestión de llegar, destruir y luego morir. Podemos hacer más.

Los invisibles. Me distraje –para variar- un poco del tema principal. No puedo decir que todos los que callan tienen cosas positivas para decir, no hay que olvidar que el silencio es un arma de doble filo a la cual se debe tratar con cuidado. Al punto que me dirijo es sencillo, quiero llegar a esos invisibles que son conscientes de su silencio y que sus derechos se han visto menoscabados en un mundo de continua información intrascendente. Tal vez no me leen, pero si usted conoce a alguien que está siendo vulnerado en su posibilidad de expresarse, apóyelo, entregue la confianza necesaria para que esta persona pueda cambiar el mundo.

Me es inevitable pensar al escribir esas últimas palabras en un amigo que tuve en la universidad. Un genio para la vida, para la música y sí, también para su profesión. Callaba demasiado, se expresaba cuando consideraba que su ambiente se lo permitía -en este mundo eso ocurre pocas veces-. Ahora camina como el resto, sus ideas se perdieron y se alegra con las cosas simples de esta vida. Ríe con videos, comparte memes, olvidó su esencia… un invisible que hoy forma parte del común denominador.

Punto final. Sin más que añadir, no por falta de ganas sino por escases de ideas, animo a quien necesita levantar la voz a hacerlo. Esta vida pasa en un abrir y cerrar de ojos. Miren, el 2019 nos clavó cuatro meses en nada. Creo que existen varias formas de trascender en la vida, una puede ser por el silencio cómplice, otra podría ser por generar una bulla exagerada sobre lo insignificante y al final, pero no menos importante: trascender por los actos y las palabras que pueden ser grabadas con orgullo por la historia. Es tu decisión.

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