En nombre de la felicidad: vuestra desgracia

“No tienes idea lo feliz que me hace que le vaya mal, lo merece”. ¿Han escuchado estas palabras? Yo lo hice recientemente y son la razón por la cual escribo hoy. Cuando las escuché me reí un poco para mis adentros, pensaba en lo mal que se tiene que estar en la vida como para alegrarse por la desgracia ajena; luego recapacité. Tal vez en algún momento yo también las pronuncié… Sí, estaba seguro que lo hice. Desconocía el por qué, pero no estaba dispuesto a quedarme con las ganas de saberlo, así que emprendí una búsqueda en internet que me dio ciertas luces al respecto.

Al poco tiempo encontré un par de artículos de opinión, algunas causas psicológicas y por supuesto, cierto grado de consistencia entre lo que había escuchado y lo que estaba leyendo. No voy a mentir que me causó sorpresa el advertir que estos ‘sentimientos’ son bastante comunes en los seres humanos. Sin embargo, antes de animarse a defender estas posturas, dejo claro que el hecho de que pase en muchas personas no significa que esté bien. Las conductas comunes normalmente carecen de sensatez al verse impuestas desde grandes esferas sociales y tan solo seguidas por las masas, sin cuestionamiento alguno. De mejor forma lo supo manifestar Mahatma Gandhi «Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él».

Entre todas las razones encontradas, me enfoco tan solo en aquellas que me otorgan mejores ideas al respecto para intentar esto… comprendernos y tratar de mejorar, ¿por qué otra razón escribiría?

Schadenfreude. Un vocablo alemán compuesto de dos palabras: desgracia y alegría. En otros términos, se podría traducir como regodearse del infortunio. No existe mayor complejidad en su estructura, sin embargo, las causas que dan su origen no están determinadas por completo. Menciono brevemente algunas de ellas, las que, a mi parecer, conjugan de cierta forma lógica este sentimiento tan absurdamente común.

Alivio. Creo que de todas es la causa más frecuente. Nos alegra saber que una desgracia cae sobre determinada persona y no sobre nosotros. Un ejemplo sencillo es cuando alguien pasa por una situación vergonzosa y la gente se ríe libremente… no obstante, si usted fuese víctima de esa situación, la alegría no sería igual y desearía que nadie haga gracia de su infortunio.

Justicia. Un poco más entendible, pero de ninguna manera justificable. Dos frases circulan mis pensamientos al leer esto, la primera de ellas es: “aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.” Para usted amigo ateo, cambie la palabra pecado por: culpa, maldad, perversión, etc. Es libre de elegir. La segunda frase ya no se le atribuye a Jesús, sino a Jorge Drexler: “Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma. Nada se pierde, todo se transforma”. En resumen, más allá de sus pensamientos de justicia, religiosos y/o/u energéticos, debo expresar que comparto mucho esa idea de que las cosas caen por su propio peso. Además, no estamos aquí para jugar a ser justicieros, es más importante intentar ser mejores seres humanos. Después… después ya veremos.

Baja autoestima. Aunque muchos intenten culpar a otros de sus desgracias, bien podríamos decir que de nosotros depende el último movimiento. Siendo así, es muy común que las personas que no confían en sus capacidades se alegren de los infortunios ajenos. Mi lectura al respecto es algo como: si yo estoy en el lodo, quiero verte caer a mi lado para sentirme menos miserable. Muy lejano a la mudita.

Competencia. Dirijo mis palabras al caso más simple de todos: el fútbol. Los hinchas se alegran por la desgracia del rival. Por ejemplo, cuando el equipo de un país queda eliminado de una competencia internacional, normalmente las personas de ese equipo apoyan a otros que nada tienen que ver con su pasión para que eliminen a sus rivales. Demasiado usual y muy lastimero; ¿por qué no enfocarnos en lo nuestro?

Hasta aquí con el Schadenfreude y sus posibles causas. Es entendible, sin embargo, como ya lo expresé en varias ocasiones, no justificable. Siempre viene bien analizar nuestro comportamiento y los sentimientos que de él se disparan. Que nuestras alegrías sean siempre propias y jamás nazcan de la desgracia ajena. Si hacemos de esto un compromiso, podríamos construir una mejor sociedad.

Para finalizar. Se puede realizar una larga introspección al respecto, pero en esta ocasión intento conducirme por los caminos de la simplicidad recordando un texto que leí hace ya algún tiempo. Este tipo de comportamientos están muy ligados a las proyecciones que nosotros tenemos sobre nuestra vida en sociedad, queriendo alcanzar siempre lo que otros tienen para llenar el sentido de triunfalismo que nos conduce absortos hacia la nada. Comparto con ustedes un pequeño fragmento del libro Un mundo feliz de Aldous Huxley:

– Es horrible, es horrible – repetía una y otra vez -. ¿Cómo puedes hablar así? ¿Cómo puedes decir que no quieres ser parte del cuerpo social? Al fin y al cabo, todo el mundo trabaja para todo el mundo. No podemos prescindir de nadie…

(…)- ¿Cómo puedo decirlo? – repitió Bernard en otro tono, meditabundo -. No, el verdadero problema es: «¿Por qué no puedo decirlo?» O mejor aún, puesto que, en realidad, sé perfectamente por qué, ¿qué sensación experimentaría si pudiera, si fuese libre, si no me hallara esclavizado por mi condicionamiento?

– Pero, Bernard, dices unas cosas horribles.

– ¿Es que tú no deseas ser libre, Lenina?

– No sé qué quieres decir. Yo soy libre. Libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz.

Bernard rió.

– Sí, «hoy día todo el mundo es feliz». Eso es lo que ya les decimos a los niños a los cinco años. Pero, ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz…de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos.

5 comentarios sobre “En nombre de la felicidad: vuestra desgracia

  1. Muchas veces las decimos y nos reímos de que le vaya mal a alguien. Eso es verda. La diferencia esta en que cuando nos pasa, al momento rechazamos esa manera de pensar, lo malo pasa cuando lo hacen personas malas que de verda te desean que te pudras en el infierno. Buen articulo. saludos

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