¿Sabes quién soy?

Se dice por ahí que cada ser humano es un mundo completamente distinto, que en su interior habitan millones de circunstancias que condicionan su proceder. Sin embargo, en esta infinidad de mundos y posibilidades, solemos encontrarnos con aquellos que se consideran la estrella dentro del sistema planetario.

¿Cómo identificarlos? Existe millones de formas distintas para hacerlo, como siempre, lo invito a mirar a su alrededor, o en un espejo, usted sabrá. Hoy yo solo me decanto por una de ellas que me parece sumamente interesante, tal vez la ha escuchado, la ha dicho o se la han contado. Personalmente la viví en una ocasión, me preguntaron tajantemente, sin esperar respuesta alguna, ¿Sabes quién soy?

No contesté. Principalmente porque, aunque cuesta admitirlo, me sentí cohibido y, en segundo lugar, porque era más chico. Ahora quisiera que alguien me repita esas palabras para responder con una dosis de sarcasmo que se ajuste perfectamente a las intenciones de quien pregunta.

Iniciemos. Hoy estoy motivado para escribir porque no pude hacerlo cuando quise. Me explico. El día sábado bajé al vestíbulo del hostal para trazar un par de oraciones sobre cualquier cosa, para calmar los demonios. Dos horas y media después no había escrito una sola palabra, sin embargo, tomé tres tazas de café, fumé un par de cigarrillos y mantuve una agradable charla con el encargado. Me despedí porque el sueño me llamaba, pero lo último que él dijo fue: “así son muchas personas”.

¿Cómo son? Gente que le ha preguntado si no sabe quiénes son, gente que no busca una respuesta, sino tan solo crear una brecha social que determine cierta “superioridad” de uno sobre otro determinado por cuestiones… ¿ridículas?

Profundicemos. Según el diccionario de la RAE, el determinismo es 1. m. Teoría que supone que el desarrollo de los fenómenos naturales está necesariamente determinado por las condiciones iniciales. 2. m. Fil. Doctrina según la cual todos los acontecimientos, y en particular las acciones humanas, están unidos y determinados por la cadena de acontecimientos anteriores.

Me asocio con el segundo concepto porque es más cercano a los comportamientos sociales, a la filosofía y a las intenciones por las que escribo. Dentro de este determinismo, tropecé con una rama muy interesante llamada:

Determinismo de clase. Según varias conjeturas se señala que el nivel social que tendremos al morir, está estrechamente ligado al que tenemos al nacer, existiendo inamovilidad al respecto.  Eso quiere decir que “La sociedad no mide el valor de las personas en función de sus ideas, pensamientos o logros personales, sino por su nivel social, siendo entonces imposible escalar en la sociedad a menos que se esté determinado para eso.”

Trágicamente desolador. Vamos, vivimos en la sociedad que busca atención, donde el sueño de muchos es ser influencer, youtuber, tener un millón de amigos en las redes sociales o recibir tantos likes como sea posible. Ok, no me meto con los sueños de otros, cada persona tiene derecho a elegir sus metas, a establecer un tipo de conducta que lo lleve a ese espacio donde pueda preguntar a otro, insisto, con la intención de humillar, ¿Si no sabe quién es?

Y para qué todo esto, ¿quién gana? ¿quién pierde? Y cuál es la dirección de la sociedad mientras sigan existiendo estos terroristas “de clase”.

Clase la de Roger Federer que esperó para ingresar a cierta zona a la que fue prohibido por no llevar la identificación correspondiente. No le preguntó al guardia si no sabía quién era por una simple razón: porque él lo sabe. Y no, no estoy con idolatrías absurdas, es tan solo un ejemplo sencillo que se repite a menudo. Me valgo del mismo por ser notorio en los medios de comunicación.

Regresando al determinismo de clase, me atrevo a preguntarles ¿Para qué? Hasta encontrar sus respuestas, me anticipo a dar la mía: para nada.

Insisto mucho con esto del siglo XXI y sus conductas inhumanas. Países de primer mundo con monarquías. Gente cruzando fronteras y presidentes comiendo filetes. Futbolistas peleando más millones y humanos peleando por la vida. La transgresión que se comete a la humanidad parece no encontrar límites. Cuando algo te parece ridículamente absurdo, llega alguien más que puede romper las barreras de lo innecesario. No sé, un ejemplo básico: que a las doce de la noche se encuentre a niños vendiendo cigarrillos en las afueras de la discoteca mientras dentro se derrocha dinero en alcohol. ¿Cuál es el límite de la indolencia?

Sociedad absurda. Supongamos por un momento, alejándonos de los conceptos antes dados, que el determinismo de clase no existe, teniendo todo ser humano cierta capacidad para escalar en su entorno social. Nuevamente me pregunto, de existir esta posibilidad, ¿Para qué lo deseamos?

Porque nos hemos comido un millar de cuentos de cómo las cosas deberían funcionar mientras en el trayecto hemos perdido la capacidad de razonar por cuenta propia y determinar que resulta positivo y que resulta negativo para el ser humano. Al final del día, al desconocerse frente al espejo, se termina preguntado a quien no tiene una respuesta: ¿Sabes quién soy?

El resultado de todo esto se ejemplifica de diversas formas, gente conduciéndose a la deriva, guiada por la marea, sin tiempo para cuestionar sus actos. La ciencia recomienda encausarnos de lo simple a lo complejo, vamos por ahí. ¿Es necesario salir de fiesta cada fin de semana?, ¿es necesario viajar cada año al extranjero?, ¿es necesario publicar cada paso de nuestra vida en redes sociales? Vaya, usted siga haciendo más preguntas.

Las respuestas son variadas y cada una de ellas, estoy seguro, son muy respetables. De todas formas, me animo a copiar unas palabras del tan odiado Paulo Coelho… Y es que sí, ahora que lo pienso y disculpen que rompa el esquema, al sujeto lo odian, menosprecian su literatura y su forma de pensar. ¿Saben quiénes lo hacen? Los que creen que su “intelecto” es demasiado amplio como para respetar lo que a su vecino le puede resultar agradable.

Júzgueme tranquilo que igual voy a compartir la frase: “Cuando alguien ve a las mismas personas todos los días, (…) terminan convirtiéndose en parte de la vida de esa persona. Y luego quieren que la persona cambie. Si alguien no es lo que otros quieren que sean, los otros se enojan. Todo el mundo parece tener una idea clara de cómo otras personas deberían llevar sus vidas, pero ninguna sobre la suya.”

Este cuento ha terminado. Si sabe bien quien es: lo felicito. Si no sabe quién es: vaya y descúbralo, no tenga miedo que la vida pasa rápido. Por último, si alguien le realiza la pregunta de la cual hablamos, responda tranquilo:

Si usted no lo sabe, menos lo voy a saber yo, vaya y descúbrase.

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