Del triunfalismo al consumismo: el camino a la felicidad

Los seres humanos nos habituamos a retener las malas costumbres casi toda una vida, en este caso, inicio mi texto revelando una de las mías. Cuando me aferro a una idea y/o palabra, me cuesta alejarme de ella hasta que escribo sobre la misma. El día de hoy, la palabra triunfante, y valga la redundancia, es el triunfalismo.

Escribo para explicarme las cosas que no logro entender y para eso necesito realizar varias preguntas. La primera de ellas y que considero vital para mantener el hilo de este texto es: ¿Qué es triunfar?

Saciemos el conocimiento desde las bases. Según la Real Academia de la lengua española, triunfar es: Quedar victorioso. Sí, eso dice el diccionario, la culpa no me pertenece. Vamos más allá. Encontré una definición que es un poco más precisa y que se considera sinónimo de la palabra victoria: se dice que el triunfo es lo que logramos trabajando con todo nuestro empeño para así alcanzar lo deseado. Bueno, ahora si tenemos una base un poco más sólida para iniciar.

De esta última definición se desprende la palabra que gira constantemente en mi cabeza. Trabajar con todo nuestro empeño para así alcanzar lo deseado. Una falacia a simple vista, muchos lo hacen y a veces no lo consiguen, mientras que otros no aplican el más mínimo empeño en nada y logran triunfar. ¿Por qué sucede esto? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver el título con las palabras hasta aquí expresadas?

Paso a paso. El triunfalismo es la actitud exagerada de seguridad y de superioridad sobre los demás que manifiesta la persona que confía excesivamente en sus capacidades. Y bueno, no juzgo, la confianza en uno mismo es primordial para lograr sobrevivir en este mundo, vaya y pregúntele a Darwin. Eso sí, todo extremo, como bien es sabido, nos lleva a perder el control de las circunstancias, y a veces con ese exceso de confianza, terminamos lastimando a quienes nos rodean. Aplica para todo.

Expongo un primer ejemplo para lograr encaminar el texto y luego sí desmenuzamos un par de situaciones más. Supongamos que tenemos un joven de diecisiete años que asiste al tercer año de bachillerato. Gran parte de sus compañeros poseen celulares de gama media o alta. Él, debido a los escasos recursos, cuenta con un celular que ni siquiera tiene la capacidad de acceder a internet. Ante esta problemática, nuestro joven se siente aislado de esta parte de su comunidad, y por supuesto, no faltará la persona triunfalista que haga denotar su carencia, cayendo en el tan temido y peligroso bullying. Ahora bien, analizando los dos casos que se podrían presentar, tenemos por un lado a la persona que, al verse aislado del poder consumista, termina siendo de cierta forma apartado de la sociedad, y por el otro, a quien, si logra acceder a este tipo de objetos, resulta verse triunfante ante los suyos.

Este ejemplo es más común de lo que imaginamos y aplica en un sinfín de situaciones, desde el poder adquirir un celular, hasta poder realizar un viaje al exterior. Si no me cree, mire a su alrededor y analice cada situación.

De cierta forma, con el ejemplo expuesto con anterioridad, intenté llegar al título de este texto. La relación existente entre el triunfalismo y el consumismo es muy estrecha, lastimosamente, esos lazos que unen a estas dos palabras, no son positivos de forma alguna ni para la sociedad y peor aún para el planeta. En primer lugar, porque crea brechas entre los seres humanos, lo cual a estas alturas del partido resulta completamente irrisorio. Y, por otra parte, mientras más creemos triunfar mediante objetos u otro tipo de adquisiciones que nos alejan de nuestra calidad humana, más daño hacemos al planeta. Mire usted, bueno fuera que se pueda utilizar un mismo vestido o camisa durante diez años, pero eso no resulta conveniente a la industria de la moda. Si no me cree sobre esto tampoco, investigue como ahora no se crea ropa para cada estación del año, sino que se crea nuevas modas semanalmente.

Me valgo del ejemplo de los celulares y la vestimenta porque son considerablemente más visibles, sin embargo, los patrones del consumismo y el triunfalismo tienen alcances extraordinariamente significativos. Ocurre en los viajes que realizas, la música que escuchas, los libros que lees, etc. Incluso, hago punto a parte en este ejemplo, porque de todos, me parece el más burlesco: el consumismo absorbió completamente a la academia. Nuevamente los invito a observar a nuestro alrededor y darse cuenta de las marcadas diferencias existentes, no solo a nivel país, sino en el extranjero, de los costos y el estatus triunfalista que te puede llegar a dar provenir de determinada escuela, colegio o universidad. Y sí, estoy obviando el hecho del mercantilismo existente alrededor de los estudios y de como se ha convertido en un negocio más. Tal vez algún momento escriba sobre ello.

Para ir finalizando. Aunque todo ya está implícitamente desmenuzado, falta darle su oportunidad a la última palabra del título: la felicidad. A veces demasiado común y a veces muy escasa. Se ha convertido en un completo cliché que abunda en boca de muchos y aun así carece de un significado claro. La pobre ha sido tan malograda que incluso la Coca Cola te la vende en sus campañas de marketing. Me acojo a una frase de Alejandro Dumas para facilitar mi escaso lenguaje al respecto: “No hay felicidad o infelicidad en este mundo; sólo hay comparación de un estado con otro. Solo un hombre que ha sentido la máxima desesperación es capaz de sentir la máxima felicidad. Es necesario haber deseado morir para saber lo bueno que es vivir”.

Llegó el momento de sintetizar. Buscamos desmedidamente la felicidad y en ese trayecto nos convertimos en unos consumistas que se jactan de su triunfalismo. Pasa a diario, lo criticamos y en muchas ocasiones somos parte de eso. Como casi siempre lo digo, las redes sociales no colaboran. Dígame usted querido lector si en alguna ocasión se animó a cuestionar la propia publicidad que se hace en redes sociales, sea jactándose de su felicidad, de sus logros o incluso denigrando a otro para intentar demostrar su alcance cultural. Delimitar una buena vida que huya de las banalidades es un proyecto ambicioso que todo ser humano debería por lo menos considerar intentar.

Todo lo manifestado anteriormente es tan solo un concepto subjetivo de mis ideas y no marcan un patrón a seguir ni mucho menos, siempre pretendo estar lo suficientemente consciente de los errores que puedo cometer al escribir. En el párrafo anterior mencioné una palabra que llevo conmigo durante gran parte de mi vida y que la recomiendo a todo aquel que pueda…

Cuestionar. Es imprescindible en la vida, sirve en cada paso y nos ayuda a ver otras realidades. La felicidad, el consumismo y el triunfalismo son términos que deben ser cuestionados, y por obvias razones, con ellos cada una de nuestras actitudes frente a la vida.

Si desea, usted está en completa libertad de desestimar mis palabras, pero cuestione mis razones… y las suyas.

2 comentarios sobre “Del triunfalismo al consumismo: el camino a la felicidad

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