Nos quieren determinar

Te han etiquetado, te han inventado, te han dicho que puedes o no puedes. Te han prohibido arriesgar, aventurar, intentarlo una vez más. Luchaste contra mentiras o te convenciste de verdades ajenas a tu voluntad. Hay mucho que depende de ti y, sin embargo, has sido conducido por otros.

Esos otros normalmente son aquellos a quienes les basta una vida plana, vacía de significado. Son los que limitan sus aspiraciones y olvidan que nuestra existencia puede ser tan solo una casualidad; carente de sentido en un inicio, pero posiblemente sorprendente al final de nuestros días. Aunque también hay que considerar que a veces esos otros… somos nosotros.

No voy a mentir, hoy escribo de una forma bastante difusa. Tengo un par de ideas en la cabeza y no tengo claro hacia donde se dirigen. Voy a darles continuidad esperando obtener algún resultado, o al menos entender algo.

Aquí vamos.

Normalmente tengo problemas para elegir los títulos a los textos que escribo, pero esta vez fue lo primero que obtuve, y todo gracias a dos razones. La primera de ellas es por un evento TEDx al que asistí hace un par de semanas. Ángela León, Vantuir Boppre, Carlos Libreros, José Antonio Mora y Paúl Torres hicieron un gran trabajo. Sin embargo, fue la charla «Sicarios de sueños» de Millán Ludeña la que colaboró con mi decisión de escribir.

La segunda razón nace de una conversación que tuve días atrás en la cual discutía sobre la facilidad de ciertas personas para propagar verdades no tan ciertas y ajenas a sus vidas. En otras palabras, aportar con chismes a una sociedad que se apasiona por ellos.

Sicarios de sueños. Están en todo lado, habitan entre nosotros y su principal argumento para decir «no se puede» está basado en dos palabras muy vulgares: soy realista. Vamos, no se confundan, yo también intento decantarme por esa corriente, pero la transformo a mi gusto.

Me explico. Soy realista cuando observo que en el mundo prevalece una gran desigualdad. En ese momento me atrevo a soñar diciendo que, como sociedad, como humanos, podemos cambiar esa realidad si todos ponemos de parte. Ahora bien, este otro tipo de realistas aceptan que existe esa desigualdad en el mundo, pero no se atreven a soñar con el cambio. Defienden su tesis con una palabra insolente para unos y desafiante para otros: imposible.

No puedo, no me atrevo a juzgarlos por no creer, por no soñar, por aferrarse a lo común. Están en su derecho, pueden levantar murallas, limitar su sendero, pensar tan sesgadamente como su razón les permita. Con el paso de los años lo he aprendido a respetar.

¿Pero el respeto es mutuo? Nunca, no lo es. Son sicarios de sueños, no les basta con limitar sus intenciones, sino que, para sentirse completos, requieren limitar los sueños de los demás.

En este punto del texto debo aclarar que no se trata de señalar a otros, sino que tanto yo, como quien esté leyendo, sea capaz de entender que a veces esos sicarios podemos ser nosotros mismos. Sí, muy probablemente influenciados por comentarios ajenos que han terminado por minar las mejores intenciones de nuestros corazones.

Vamos con la segunda razón: los chismes. Una de las cosas que me prometí cuando empecé con este blog es escribir de forma sincera y tan espontánea como me sea posible. Dadas esas condiciones, debo admitir que yo también he cometido el error, en muchas ocasiones, de dar oído o incluso de pronunciar palabras de las cuales no podía dar completa fe de su autenticidad.

Es duro aceptar los errores, pero vaya que sana. Hace algún tiempo dejé de escuchar todo aquello que: no es necesario saber, que no es importante que lo sepa y, por último, que no esté cien por ciento convencido de su veracidad. Ok, esto lo leí en una fábula, pero sirve bastante y hace la vida mucho más llevadera.

Es más común de lo que podemos imaginar. Lo justificamos de muchas formas y al final, no somos realmente consientes del daño que podemos producir. Cualquiera puede suponer e inventar, pero no cualquiera tiene la capacidad para enfrentar la verdad.

Las redes sociales tienen una influencia demasiado fuerte. Y no, no culpo a la tecnología, sino al uso que se le está dando. Imaginen. El mundo es tan increíble que podemos conectarnos a miles de kilómetros de distancia con una persona, entre tantas otras cosas que no vienen al punto de este texto. Pero no. En lugar de eso los seres humanos tienden a enfocarse en lo superfluo, lo básico. Ver que hace tal o cual persona, si tiene dinero, si no lo tiene, si está con una o está con otro, etc. Un comportamiento muy simple tomando en cuenta la infinidad de posibilidades con las que contamos.

Unamos los puntos. Ok, creo que ya encontré una razón para estas palabras que empecé a escribir sin un rumbo fijo. Nos quieren determinar, queremos determinar. Nos sentimos muchas veces en la condición “moral” de hacerlo, y quien sabe por qué. Yo hoy no encuentro razón alguna para decidir por alguien más y no pienso cambiarlo de ninguna forma. Estamos en el siglo XXI, contamos con las herramientas suficientes como para hacer de esta existencia -que considero única- algo inigualable.

Fuera de romanticismo, no sé si tendré otras vidas, si hay un paraíso o un infierno esperando. Ignoro todo eso, ya tendré tiempo para descubrirlo cuando la muerte me alcance. Mientras tanto….

Mientras tanto no voy a cortar las alas de nadie y peor aún las mías. No voy a hablar sobre aquello que no me compete. No voy a detenerme, no voy a determinar.

Y sí. Seguiré escribiendo, seguiré alentando a las personas para que rompan barreras, para que levanten el vuelo, para que logren todo aquello que unos cuantos sicarios quieren minimizar.

Puedo estar en un completo error, lo acepto. De ser ese el caso y alguien está dispuesto a hablar de él o a hacérmelo notar, bienvenido sea, pero directamente a mí, que a otros no corresponde. Y con realismo constructivo, sin la intención de aniquilar.

P.D. Adjunto una charla TEDx de Millán Ludeña, no es la que presencié, pero vale la pena.


El único ecuatoriano que ha logrado correr un ultramaratón en el lugar más caliente y en el más frío de la Tierra.

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