La vida de la parca

«Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.» Hace algunos días leí esta frase que pertenece a Federico García Lorca y ha quedado pendiente en mí. Varias preguntas rondaban mi cabeza, sobre todo al intentar comprender si es posible el no preocuparse de morir.

Lo he consultado con varias personas para obtener unas conclusiones que no sean tan personales, la mayoría ha mencionado que no tiene miedo de morir, cuando les pregunté nuevamente el porqué de esa respuesta, supieron manifestarme, en términos generales, que no serían conscientes de su muerte, así que no es justo permitir que eso cause preocupación.

También obtuve otros dos tipos de respuestas. Las primeras vinculadas a la religión, en la cual mencionaban la carencia de miedo a la muerte porque después de sucedida, pasarían a mejor vida. Y, por último, la respuesta que más llamó mi atención, y que termina siendo la razón para escribir esto el día de hoy: no se tiene miedo a la muerte, sino a no vivir una buena vida.

Con esa respuesta empecé a plantearme más preguntas. La línea que separa la vida y la muerte es tan delgada que nos resulta casi imposible darnos cuenta que siempre estamos cerca de ella.  En general a la gente le agrada hablar de la muerte, después de todo es nuestra única certeza en la vida, lo demás puede variar, pero todos sabemos que un día, sin preverlo, las horas de nuestro reloj llegarán a su fin.

«La gente le teme a la muerte más que al dolor. Es extraño que teman a la muerte. La vida duele mucho más que la muerte. En el momento de la muerte, el dolor ha terminado. Sí, supongo que es una amiga.»

Jim Morrison

En la religión católica, la muerte es más dolorosa que en otras culturas. Si bien está la promesa de una vida mejor después de nuestro paso terrenal, los ritos que se llevan a cabo son bastante lúgubres, siendo en cierta forma prohibitivos los buenos recuerdos de la persona que ha logrado superar el dolor de la vida, como lo menciona el buen Morrison. He escuchado de personas que han llevado un duelo durante quince años, otras en cambio lo llevaron hasta su propia muerte. ¿Eso es todo lo que nos deja una persona que ha abandonado el plano terrenal?

No. La muerte está ligada netamente a nuestras creencias y cultura. Para el budismo en general, la muerte no significa el final de la vida, sino el comienzo de otra. Los rituales varían dependiendo de la corriente, por ejemplo, los budistas tibetanos ofrecen el cuerpo del difunto a los buitres o daikinis, considerados ángeles celestiales que bailan entre las nubes. Ellos elevarán los restos del difunto al cielo, realizando así un entierro celestial.

El pueblo Yanomami, situados en las selvas de Brasil y Venezuela realiza un ritual mortuorio bastante peculiar. Ellos, a pesar de no ser caníbales, se comen los restos de la persona fallecida, para así estrechar los lazos de unión y fraternidad dentro de la tribu.

En Madagascar, la población malgache mantiene un ritual funerario bastante extenso. Cada siete años los familiares del difunto deben reunirse para sacar los restos en una procesión, durante ese momento, las personas cantan, bailan y ofrecen obsequios al difunto. Es una celebración.

La aceptación de la muerte cambiará dependiendo de nuestro entendimiento de la misma. Ahora bien, ¿qué pasa con la vida? Realmente estamos conscientes de que su final puede llegar en cualquier momento, ¿qué hacemos con ella?

Hace un buen tiempo leía un artículo sobre Bronnie Ware, una enfermera australiana que trabajó en cuidados paliativos y que publicó un libro llamado «Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos». El primero en la lista es: «Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera».

Entonces, ¿es a la muerte a quien tememos? Mis conclusiones se alejan de mis pensamientos iniciales, ahora puedo asegurar que la muerte no me causa mayor preocupación, después de todo, la tengo completamente asegurada.

Alejando las preguntas relacionadas con la muerte, viene bien hacernos una sobre la vida. ¿Le tenemos miedo?

Cada quien podrá responder tal pregunta a su manera. Al igual que con los rituales funerarios, la concepción de vivir cambia de una persona a otra. Lo que para unos puede ser vida, para otros sería muerte. Sin embargo, hay algo que debe ser considerado por todos de igual forma: no se puede vivir la vida de alguien más, adaptándose a las formas de otros. La verdad habita en el espejo, es a él a quien se debe recurrir para escapar de los miedos. Bien decía Benjamin Franklin «¿Amas la vida? No desperdicies el tiempo porque es la sustancia de que está hecha.»

Alerta de Spoiler

Sí, todos vamos a morir. No hay ensayos para la vida, la oportunidad es una sola. El único miedo que vale la pena es aquel que te invita a demolerlo, los demás son una pérdida de tiempo.

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