La ruta del cambio

Despertamos y los males nos anuncian un nuevo día. Si llueve, nos molesta, si no lo hace, nos preocupa. Nos gusta quejarnos, tenemos el derecho. La inconformidad es el pan nuestro de cada día. La política nos maltrata, el fútbol nos aburre y el mismo cuento se escribe otra vez.  

La historia del Ecuador está llena de muchos matices y bien dicen que todo depende del cristal con que se mire. Hoy podemos mirar estos matices con positivismo, porque incluso lo malo, puede ser bueno si lo sabemos manejar.

Hace ya más de diez años, los ecuatorianos decidieron darle un nuevo rumbo a las cosas, hace ya más de diez años que se crearon nuevos bandos. Unos luchan por el pasado, otros defienden lo que acabó hace poco y nuestro presente nos intenta convencer que las cosas serán distintas “otra vez”. Los días pasan y cada vez nos cuesta más creer en tantas palabras.

Una frase sigue latente en mi oído, la repitieron tanto que algunos hasta se convencieron: “el pasado no volverá”. Ahora me pregunto, ¿el pasado alguna vez se fue?

Ricardo Krebs, historiador chileno, decía que: “…el hombre, siendo un ser histórico, no sólo tiene un presente y un futuro, sino que también tiene un pasado. Nosotros somos nuestra historia. Para poder actuar responsablemente en el presente y proyectar inteligentemente nuestro futuro, debemos recordar nuestro pasado”.

Parece que, como ciudadanos ecuatorianos, recordar el pasado a veces nos cuesta demasiado, es un ejercicio mental que suele diluirse con distracciones pasajeras. Sin embargo, es hora de empezar a hacer un esfuerzo, y este no debe incluir lo que sucedió hace once años, antes de la llegada de la revolución, sino, adentrarse por lo menos hasta 1809 y recordar el Primer Grito de Independencia o también cuando un 13 de mayo de 1830 nuestro país se separa de la Gran Colombia. Debemos también animarnos a recordar héroes como Antonio José de Sucre, quien fue asesinado a sus 35 años, pero que vive en nuestra historia como uno de los principales próceres americanos. Luego de este viaje de doscientos años, volvamos al 2018 y pensemos en Klaus Jungbluth, el primer ecuatoriano en competir en Juegos Olímpicos de Invierno, o también en Mirella Cesa, quien luchó ocho años para conseguir la gaviota de plata en Viña del Mar.

Hace unas semanas nuestro pueblo tomó una decisión, solicitar los cargos de los miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Uno de ellos, el más astuto, se quejó diciendo que el pueblo no está facultado para tomar esas decisiones. Vaya descaro. Art. 1 de la Constitución de la República del Ecuador: “(…) La soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es el fundamento de la autoridad”.

A veces, mantener la esperanza es una batalla complicada, sin embargo, es imposible no creer en las personas y su voluntad. El cambio que nunca llega y que siempre reclamamos no está escondido en las teclas con las que escribo estas palabras. No se encuentra en insultos en redes sociales o en el activismo basado en un clic.

El cambio está en nuestras manos, en la soberanía que tenemos y con la cual podemos construir un futuro prometedor. A veces resulta difícil querer hacer las cosas por ese vecino que te rayó el carro o por la señora de la tienda que nunca está dispuesta a fiarte, pero es hora de confiar en nosotros como actores de cambio, es hora de que el pueblo vele por los intereses del pueblo. El pasado es el minuto anterior a leer este texto, el futuro se encuentra en nuestra actitud posterior a ello.

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