No es justo

La violencia en el mundo sigue aumentando y nuestra respuesta es la misma: No te expongas. Las advertencias sobre tener cuidado son el pan nuestro de cada día. Varían desde un simple “no camines por ese lugar” y pueden terminar en un “mejor no digas nada”. La libertad de una persona termina donde la libertad de otra empieza. Para nosotros, nuestra libertad empieza y termina donde otros nos lo permiten.

Desde muchas bocas y en muchas ocasiones he escuchado las palabras mágicas “no vale la pena exponerse”. ¿Se imaginan como sería el mundo si Curie, Gandhi, Kahlo o Mandela no se hubiesen expuesto?

Si somos objetivos, podemos entender el contexto del interlocutor que pronuncia esta frase, pero siendo igual de objetivos, no podemos seguir justificándola. Entendería perfectamente si cuando hablamos de evitar esta exposición es sobre lanzarse de un avión sin paracaídas, o tal vez nadar con tiburones sin la protección debida.

Pero no, la exposición a la que hoy me refiero está ligada a conductas básicas de cualquier ser humano. Caminar es exponernos. Opinar es exponernos. ¿Buscamos culpables? No es necesario, basta con abrir los ojos, o tal vez, solo mirar al espejo.

Hace unos días, dos hechos llamaron mi atención y creo que vale la pena mencionarlos ya que estamos hablando de violencia y exposición. Coincidencia o no, en ambos casos tenemos dos mujeres como protagonistas.

Marielle Franco, concejala y activista brasileña fue víctima de sus propias palabras, ella las vertió con el ánimo de desenmascarar una sola verdad: la corrupción. Lastimosamente, su lucha se vio callada por nueve balas, tres dieron en su cabeza, otras acabaron con la vida del conductor que la acompañaba. Días antes del trágico desenlace, ella había denunciado la corrupción de la policía y también se había opuesto públicamente a la ocupación de los cuerpos militares en Río de Janeiro desde hace más de un mes. El Ministro de Justicia brasileño dijo que este crimen sucedía por la extrema ola de violencia que sacude a Río de Janeiro. Jamás se pronunció sobre la posibilidad de un asesinato premeditado, ¿coincidencia?

Independientemente de las razones o de las coincidencias, las vidas de todos siguen en constante peligro, cada vez el mundo es más intolerante y estamos al borde de caer en las estadísticas de ser víctimas por el simple hecho de “ser humanos”.

Por otro lado, y aunque no violentaron su integridad física, tenemos a Ksenia Sobchak, candidata a las elecciones presidenciales rusas que acontecieron el domingo pasado y que nuevamente ganó Vladimir Putin.

Como parte de su candidatura, ella accedió a realizar un debate con otros candidatos presidenciales, el resultado fue un amargo y triste momento, tanto para ella como para quienes luego escuchamos lo acontecido. Cuando intentaba expresarse, las interrupciones eran constantes, no se encontraba en igualdad de condiciones. Sin embargo, además de eso, tuvo que hacer frente a una serie de insultos de otro candidato. Cuando ella le solicitó al moderador que hiciese algo al respecto, se llevó otra amarga respuesta: “es terrible, pero esa es la ley”. Sobchak no soportó más y su única salida fue abandonar el debate.

Somos la era de la indignación. Nos molesta todo, desde el penal injusto que pitó un árbitro hasta el Óscar no ganado por nuestro artista favorito. Sin embargo, nos falta indignarnos en lo esencial, en esa esa violencia sistemática a la que nos hemos acostumbrado. Ya no es justo para nadie tener que evitar “exponerse”. Ya no es justo tanto miedo.

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