¡Cuidado con Hibris!

“El poder es peligroso, enlentece la percepción, nubla la visión, aprisiona a su víctima, por muy bien intencionada que sea, y la aísla en un aura de infalibilidad intelectual contraria a los principios democráticos”

Hibris tiene muchas acepciones. Se puede hablar de la diosa griega caracterizada por su insolencia o también del castigo que los dioses griegos daban a los mortales con la finalidad de volverlos “locos”. Mas allá de la definición final de la palabra, hay una característica única de la misma. “Hibris” significa desmesura, y se utilizaba en la antigua Grecia para categorizar a aquellos que contaban con poder y que transgredían los límites impuestos por los dioses a los mortales.

Aquella transgresión a los límites hacía que las personas pierdan el control sobre sus impulsos, manteniendo un carácter irracional y desequilibrado.  Los dioses para solucionar aquello, hacían que las personas que lo padecían, regresen a los límites que cruzaron, es decir, volverlos a la realidad, humanizarlos nuevamente.

En el año 2009, el Dr. Owen, político y médico inglés, se refirió al Síndrome de Hibris o psicopatología del poder como “(…)los políticos y las personas que ostentan poder desarrollan un comportamiento irresponsable próximo a la inestabilidad mental, a la grandiosidad y al narcisismo”.

Hoy en día es muy común observar esta obsesión y amor por el poder. A veces nos resulta más fácil identificarlo en los altos cargos, pero también puede observarse en los mandos medio o bajos si es que existe el espacio suficiente para una relación de poder-subordinación.

Este tipo de transgresiones son el pan de cada día en nuestro planeta. Un claro ejemplo es el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y sus más de quince años en el poder. Donald Trump y la construcción del muro o Kim Jong-Un y las armas atómicas.

Y por supuesto, tampoco faltan en el ámbito nacional. En Ecuador podemos observar la construcción de aparatajes comunicacionales para alterar la realidad a gusto del afectado con el síndrome, o simples y vagas justificaciones a la violencia ejercida contra un vendedor ambulante.

Aunque en principio este síndrome pueda parecer inofensivo, debemos tener cuidado. Su característica principal es construir una realidad alterna en su entorno, es decir, quien la padece pierde la perspectiva de lo que realmente sucede a su alrededor.

Si bien ya no podemos esperar a que los dioses griegos se presenten a solucionar estos defectos, debemos tomar en cuenta las recomendaciones de los expertos en el tema. Dicen que la mejor forma de curar del síndrome a quien lo padece es otorgándole “un baño de realidad”. Regresándolo a su situación real antes de saborear las mieles del poder.

Llegar a este punto puede parecer difícil, pero tarde o temprano, sucede. Mientras más alto es el vuelo, más dura es la caída. Últimamente hemos vistos casos en que el baño de realidad llega acompañado de una revocatoria de mandato o de una lluvia de huevos. Independientemente de como suceda, la peor parte la lleva quien sufrió del síndrome, no tanto así, la víctima de sus efectos. Esto debido a que una realidad colectiva es más fácil de sobrellevar que una realidad personal. ¡Cuidado con Hibris! Tiende a engañar, crea castillos en el aire y convence a los borregos que pueden volar. Pero un día se esfuma y la realidad asoma como un baño de agua fría.

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