Menos flores, más derechos

Sí hay que comprenderlas, no basta con amarlas. El día de ayer, ocho de marzo, el mundo celebraba el día internacional de la mujer. Actitud bastante hipócrita si nos atrevemos a observar las estadísticas.

El día de la mujer se viene celebrando durante más de cien años, sin embargo, en 1972, la ONU decidió institucionalizarlo. Con esta idea se pretendía conmemorar la lucha de la mujer por su participación en igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. ¿Estamos celebrando correctamente?

Creemos que una rosa, un desayuno a la cama o la tarde libre en el trabajo es la forma correcta de celebrar su presencia en este mundo. Nos estamos equivocando, su presencia, al igual que la nuestra debería ser la cosa más normal, sin embargo, durante siglos su derecho a ser igual se ha resumido en una lucha constante.

Hoy en día, tenemos más o menos tres tipos de celebradores. El primero, el más simple, es el que cumple con el protocolo de la rosa y la felicitación, no va más allá, no se complica. El segundo, al que me animo a catalogarlo como el romántico, es el que presume que a las mujeres no se las debe celebrar solo un día, sino todos los días del año. Siempre se acuerda de la lucha el ocho de marzo, el resto del año suele pasar distraído. El tercero, en mi opinión y lista personal, es el más peligroso. Este normalmente se dedica a obtener estadísticas rebuscadas sobre como los hombres también son víctimas de este “mundo cruel”. Es fácil detectarlos, su comentario predilecto es, ¿Por qué no se celebra el día del hombre?

Para finales del año 2017, el homicidio y asesinato de mujeres representaba más del cuarenta por ciento de delitos cometidos en el país, además, es la primera causa de muerte entre las mujeres de dieciséis a cuarenta y cuatro años, por delante del cáncer. ¡Si señores! Un hombre puede resultar más peligroso que el cáncer.

Las estadísticas sobre la violencia siguen siendo alarmantes en Ecuador. Seis de cada diez mujeres han sufrido algún tipo de violencia de género. Dos de cada cinco han sufrido violencia física. Una de cada dos, ha sufrido violencia psicológica. Una de cada cuatro, ha sufrido violencia sexual y cuatro de cada diez, violencia patrimonial.

A nivel mundial, una de cada diez mujeres ha sufrido relaciones sexuales forzadas. El 71% de las víctimas de trata de personas son –adivinen- mujeres. En Europa, una de cada diez mujeres ha sufrido algún tipo de ciber-acoso. Cada día en promedio mueren doce latinoamericanas y caribeñas por el solo hecho de ser mujeres.

Aunque estas estadísticas nos dan luces sobre la situación que aún viven millones de mujeres en el mundo, las mismas son incompletas. La violencia de género es tan sistemática que pequeños abusos se consideran normales. El machismo no ha desaparecido, tan solo se ha hecho un poco más “amable”.

¿Y ahora? Olvidemos las líricas arjonistas y empecemos a actuar razonablemente. Seamos objetivos, observemos cada una de nuestras acciones y veamos qué tan consecuentes son con la celebración del 8 de marzo. Ofrezcamos lo mejor de cada uno, llevemos día a día una lucha personal que transforme este mundo que nos pertenece a todos.

Consideraré que hemos triunfado si en un futuro, que espero no sea muy lejano, el ocho de marzo sea tan solo un recuerdo de lo mal que actuamos con nuestro par. Espero que ese día se celebre a los humanos por igual, sin pretensiones, sin distinciones. Ya no más flores, por favor.

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