Por Pérez, para Venezuela: Carta a Nicolás

“¡Abajo cadenas!, gritaba el señor, y el pobre en su choza, libertad pidió… Gritemos con brío, ¡Muera la opresión!, Compatriotas fieles, la fuerza es la unión…”

Nicolás, ¿cómo estás?, mi nombre es Jorge, soy latino, ecuatoriano para ser preciso. Hoy quería hablar con alguien y sentí que tú eres el indicado; no soy un pajarito, pero de todas maneras requiero atención.

Empecemos bien y zanjemos nuestras diferencias. Primero, déjame aclarar que no tengo nada contra el socialismo. Cada persona tiene el derecho a contarse la mentira que quiera. Segundo, soy sudamericano, no soy tu enemigo del norte, ese “que conspira en contra del sueño bolivariano”, “el culpable” de la pobreza, del hambre, de la inseguridad, “el culpable” de todos tus males, “el que solo quiere derrocarte”. El mismo que acostumbra a “infectar con cáncer a mandatarios latinoamericanos”. ¿Recuerdas cuando lo dijiste? ¡Ayyy Nico! Eres tan… tan… digamos que tan solo eres tú.

Soy sudaca. Los gringos tampoco son la estrella de mis ojos. Y sí, ¿sabes? Creo que les encanta la guerra, o tal vez solo las crean para saciar sus necesidades. Puede ser un instinto un poco animal, quien sabe, pero no los voy a juzgar. No tengo tanto tiempo como vos para andar creando teorías conspirativas a otros países. Tienes talento para eso. Puede ser que lo tuyo era ser escritor y no mandatario, así las víctimas solo quedaban en una hoja de papel y no en la acera frente a sus casas.

Tú, Nicolás, hombre socialista. ¿Sabes qué pasó en Bahía de Cochinos en 1961? Déjame resumirlo para que lo entiendas: dos cobardes dieron órdenes desde la comodidad de un sillón. ¿El resultado? hermanos matando a sus hermanos, luchando con sangre por los ideales de quienes no derramarían una gota de sudor en su nombre. ¿Ves alguna similitud con la situación en Venezuela? Busca un espejo, tal vez te pueda dar luces al respecto.

Volviendo a las guerras, hablemos de la tuya, la que montaste en Venezuela desde un sillón y que lleva cobrando miles de vidas. ¿Lo sabes verdad? No quisiera creer que tus asesores te tapan los ojitos para que la sangre que tus órdenes derrama no te provoque pesadillas.

Como la conversación ya entró en calor, te cuento una frase que muchas veces me repitieron: “Una verdadera revolución siempre debe una cuota de sangre”. Ahora te pregunto a ti, ¿la sangre de quién?, ¿Cuánta sangre? ¿El hambre, la inseguridad, la tristeza también es parte de la cuota?

Cambiemos de tema, esto se está poniendo incómodo, ¿te parece si hablemos de terroristas? De hecho, me animé a escribirte por uno de ellos, el más icónico, pero tan luchador como los demás, Oscar Pérez. Por lo menos a él dime que lo conoces. Te refresco la memoria por si acaso. Durante las protestas que hubo en tu contra, él, policía desertor en ese momento, robó un helicóptero y en señal de protesta disparó contra edificios gubernamentales, sin dejar un solo herido, sólo quiso elevar su voz ¿Qué hiciste tú? Ordenar que a él y todos quienes luchaban a su lado los llenen de plomo.

¡Tu gente es eficiente Nicolás! No demoró mucho en cumplir tu deseo, aunque él te suplicó que no lo hagas. Te cargaste un alma más. Quisiera decir que es la primera, o que han sido unas pocas, pero no es posible. Óscar Pérez era otro trofeo para tu vitrina, pero su nombre, aunque más notorio, no era el único.

Pimentel, Soto, Pérez, Agostini, Lugo, Ramírez, Macadán, Velásquez, Hernández, Moreira, Guanipa, Varela, Villalobos, Machado, Sierra, Gómez, Villa, Tejera, Vergara. Qué significa esto, te preguntarás. Son los apellidos de diecinueve víctimas por los diecinueve años que lleva en el poder “el socialismo” en Venezuela. Por si acaso, los apellidos fueron tomados al azar, había miles para escoger.

Bueno Nico, hasta aquí llego. Ya he dicho bastante, así que un par de palabras más no te van a lastimar, al menos no de la misma forma que tú lastimaste a tu país.

Ahora tu pueblo solo goza de libertad para agachar la cabeza evitando que una bala perfore sus ideales. Y sí, podrás seguir llenado de plomo a tu gente, o seguirás jugando béisbol mientras se mata en las calles, tendrás banquetes mientras otros pelean por basura, y también libertad para decir cualquier barbaridad, en fin, podrás muchas cosas, pero hay algo qué no conseguirás.

No podrás callarlos, porque incluso con su silencio te dirán la verdad. No tendrás respeto, porque para tenerlo hay que también entregarlo. No se escucha bien un “te amo” cuando apuntas a su cabeza con un revolver, quita el arma y cuéntame que pasa.

Facundo Cabral, cantor argentino decía: “Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, existen millones de caricias que construyen la vida”. Con esa frase como pie, déjame decirte: Por cada bala que dispares, por cada vida que robes, por cada palabra que calles, existirán miles de sueños que construyen un nuevo amanecer.

Arrebataste un momento de la historia de Venezuela, pero eso es todo lo que eres, un momento, un terrible momento.

Eres tan solo un par de páginas mal escritas y la tinta se te está acabando, pero Venezuela es una enciclopedia con muchas páginas en blanco por delante.

Hasta siempre Nicolás,

Con indignación, Jorge.

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