Seamos consecuentes

Hace un tiempo atrás escribía acerca de desempolvar los sueños, en ese post contaba acerca de mi deseo de cumplir con esas metas que siempre andan pendientes por ahí, colgando de una percha esperando que nos animemos a vestirlas.

Pasadas unas horas de haber escrito eso, me moría de ganas de redactar algo nuevo, tenía esa necesidad imperiosa que quema el alma, la que toma las mejores decisiones, sin embargo, la dejé pasar. Me convencí de que una publicación por semana era suficiente para saciar las ganas de conquistar mis objetivos. Para variar, como sana costumbre, me equivoqué.

Me permito hacer un paréntesis sobre esta sana costumbre de equivocarse a pesar de que no vine a escribir sobre esto, pero que finalmente tiene que ver con el tema. Hace algunos años estaba observando  un partido de tenis, la final del Abierto de Australia, el primer Grand Slam del año. En resumen, lo ganó Stanislas Wawrinka, uno de los mejores tenistas de estos tiempos pero que tuvo que compartir escenario con grandes estrellas como Federer, Nadal, Djokovic y Murray. Volviendo al punto, lo que me llamó la atención de este partido, fuera del despliegue tenístico, fueron los comentarios sobre el tatuaje de “Stan” en su brazo, la curiosidad me ganó y me dirigí a google para acabar con aquella duda.

La frase que lleva en su brazo dice exactamente: “Ever tried. Ever failed. No matter. Try Again. Fail again. Fail better.” Y traducida al español para los que no sabemos mucho del idioma: “Siempre intentaste. Siempre fallaste. No importa. Intenta otra vez. Falla de nuevo. Falla mejor”.

Para mí, una frase épica, obra de Samuel Beckett, dramaturgo irlandés. ¿Por qué épica?  Porque eso es lo que somos todos los seres humanos, constante prueba y error, fallar cada vez, pero cada vez, fallar mejor.

Ahora bien, explicado por qué me parece una sana costumbre fallar procedo a contar ¿cómo me percaté de mi error? La respuesta es tan sencilla que a simple vista no parece relevante: Porque lo sentía.

Porque algo estaba haciendo falta en mí, porque estaba inquieto, porque sí, porque todos lo sentimos y sé que cuando lean esto van a entender a qué me refiero porque a ustedes también les pasa… Entonces decidí empezar a escribir sobre cualquier cosa y es ahí donde nace este nuevo post sobre qué tan consecuentes somos.

No me gusta hablar de política porque los apasionamientos de las personas son tan grandes que muchas veces terminan lastimados por una simple opinión, sin embargo ahora voy a hacer referencia a ciertos acontecimientos (de forma general para no alterar corazones ardientes), que solo sirven como puente para llegar a mi conclusión.

Mi patria, tierra sagrada, vive el glorioso llamado socialismo del siglo XXI, no conozco lo suficiente de aquella teoría para poder hacer un análisis detallado del mismo, pero sé que tenemos varios hermanos latinoamericanos que tienen una tendencia similar, estos son: Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Nicaragua y por supuesto, Cuba.

Similar también es en estos países ver como los altos gobernantes critican al imperialismo, a la libertad, a las diferencias sociales, a la opresión y tantos más discursos programados que si se los enseñamos a algunos loros (no hablo de otros animales para no herir más corazones) los recitaran al pie de la letra.

El punto de este ejemplo, para zanjar el asunto, dejar la política de lado y volver a lo nuestro, es que todas estas personalidades tan socialistas, tan preocupadas por el bienestar del prójimo, son más capitalistas que los mismos capitalistas, les daría ejemplos, pero sé que ustedes conocen muchos de ellos y si no, pueden buscarlos.

Así mismo con los seguidores de cualquier tendencia política, conozco muchos casos de socialistas con mucho dinero que no ayudan ni con un pan a quien lo necesita y también muchos capitalistas que ayudan con todo lo que pueden a pesar de que eso significa “perder sus riquezas”. Pero bueno, cada quien con lo suyo, olvidándose de ser consecuentes.

Según el diccionario de la RAE consecuente es: “Dicho de una persona: Que obra de acuerdo con sus principios.” O según el diccionario de google: “Que es el resultado de lo que se ha expresado previamente o se deduce de ello.”

Ahora bien, después de las definiciones “legales” de la palabra, me permito expresar que entiendo yo sobre ser consecuente: Es ser lo que queremos ser, es no imponernos nada ni imponer nada al resto, es respetar, pero sobre todo es una cuestión de fidelidad a nosotros mismos, es creer en ese fuego interior que nos hace ser quienes somos, es no sucumbir ante los ideales de los demás sacrificando los nuestros, es saber medir nuestras palabras para luego no tener que ser víctimas de las mismas.

Dave Grohl, ex baterista de Nirvana y actual líder de Foo Fighters, hace algunos años en una entrevista decía: “Si quieres escuchar una puta canción de Ke$ha, escucha la puta canción de Ke$ha” pero hazlo porque te gusta, no porque te lo imponen, no porque debes hacerlo, sino porque eso es lo que eres, eso es lo que quieres.

Para mí la explicación de Dave aplica a esto de ser consecuentes, muchas veces con la música, con los estilos, con las amistades, empezamos a encajar más con la sociedad que con nosotros mismos, yo hace dos días estaba “encajando” con un tiempo para publicar que nadie me lo había impuesto, pero de cierta manera lo creía correcto, no estaba siendo consecuente ni siquiera conmigo mismo, ¿cómo lo podría ser con el resto? Ahora puedo decir que estoy uniendo de mejor forma los hilos de mis palabras con los de mis acciones, aunque sé que falta mucho… estoy fallando mejor.

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