Descubriendo la libertad

Estaba pensando en libertad y quería impregnar las ideas que en mi mente afloraban al iniciar dicho proceso cerebral, me acerqué al computador y con la ayuda de cada uno de mis dedos empecé a teclear todo lo que estaba surgiendo en aquel momento. Detuve un  instante los textos que vienen a continuación y pensé que esta debía ser la introducción. Mis pensamientos eran libres y mis dedos eran libres, este es el ejemplo de libertad.

Ahora bien, ¿hasta dónde podía llegar?, ¿dónde se encuentran los límites de la libertad?, ¿qué tanto se puede hacer en nombre de ella? Miguel de Cervantes Saavedra mediante una conocida frase de su obra prima, “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, respondió muchos años antes de yo preguntármelo:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida…”

La libertad y la honra componen la misma oración en el texto antes mencionado, sabiamente Cervantes supo ubicarlas juntas porque ellas se pertenecen, si una persona es libre pero carece de honra, ¿realmente es libre? La exposición de Cervantes sobre la libertad continúa y dice que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida. Ante esta afirmación nace la incertidumbre, entendemos que “se debe aventurar la vida”, pero ¿siempre se puede?

Para responder aquella primera interrogante nos podemos dirigir a un evento mundial reciente, las olimpiadas de Río de Janeiro 2016; si bien son muchos los ejemplos sobre libertad que nos dejaron aquellos juegos, o más probable, sobre la no libertad, resumiremos en uno solo la diferencia entre el deber de ser libre y el poder ser libre.

Corea del Norte Mantiene una forma de Gobierno como Estado socialista, aunque dentro del país se la define como Juche, la cual se atribuye a Kim II Sung, líder supremo del país hasta 1994, año de su muerte. Este pensamiento mantiene como idea central que el hombre y la mujer son responsables de sus destinos. Según la Real Academia de la Lengua Española entendemos la palabra responsable cuando una persona pone cuidado y atención en lo que hace o decide. Buscando en la misma fuente podemos decir que destino es la meta, el punto de llegada.

Tomando los significados de ambas palabras describimos a esta responsabilidad sobre el destino que nos habla el pensamiento Juche como las decisiones que toma una persona para llegar a la meta; a mi entender, un acto de libertad.

Pero acaso cuando escuchamos nombrar al país asiático ¿nuestro primer pensamiento es acerca de libertad? Personalmente mi raciocinio jamás me ha conducido a aquella respuesta, más cerca está el pensamiento de opresión y esclavitud, palabras que aunque son grotescas para el siglo XXI, no dejan de ser una realidad en el mundo.

Volviendo a Río, (ya sabemos que Corea del Norte tiene un pensamiento libertario, en teoría, ¿pero qué pasa en la práctica?) Toda la delegación que viajó desde aquel país hasta el gigante sudamericano tiene el apoyo del actual líder supremo, Kim Jong Un. A pesar del distanciamiento político, económico y social de Corea del Norte con el resto del mundo, en lo que se refiere a deporte ha sido un poco más flexible. Desde los años ochenta ha mantenido una diplomacia deportiva, con ella encontraron la forma de no cerrar todas las puertas de su país, evitando aislarse de todo suceso internacional; incluso podría considerarse aquello como una estrategia política.

¿Qué ocurre con los deportistas que representan a Corea del Norte? En resumen: viajan acompañados por altos oficiales fieles al Gobierno quienes se encargan de controlarlos, se les prohíbe el contacto con otras delegaciones así como también visitar atracciones turísticas. En Brasil  el gigante de la telefonía móvil Samsung (empresa surcoreana por cierto) hizo un regalo (celular Samsung galaxy 7) a todos los deportistas asistentes a la competencia, Corea del Norte lo rechazó, no querían que sus deportistas obtuvieran un aparato que les abriría las puertas al mundo.

¿Por qué las restricciones en un país de pensamiento libertario? La respuesta es fácil, porque la libertad tan solo habita en el imaginario colectivo. Como el caso de Corea, existen muchos otros en todo el planeta solo que en diferentes magnitudes. Una mujer Siria tiene el derecho a intentar huir de su país para precautelar su vida y su integridad física; un adulto que trabaja catorce horas diarias en un maquila en China haciendo zapatos tiene la libertad de trabajar dos horas más pero con la condición de que el producto producido sea suyo a un menor costo para poder negociarlo directamente; en Estados Unidos un estudiante de Princeton tiene el derecho a ahorrar durante todo un año el producto de su trabajo fuera de las aulas universitarias para en sus vacaciones de verano hacer un viaje a la India.

Entonces ¿cómo hablamos de libertad en un mundo con más de ocho mil millones de conceptos de libertad distintos? Vamos a dirigirnos a una organización que ha intentado darle una especie de universalidad al concepto.

Proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948, La Declaración Universal de Derechos Humanos, es un documento que marca un hito en los derechos humanos, tal como ellos lo anuncian en la presentación que hacen sobre ésta en su página web. Sin perder el tiempo en su primer artículo anuncian que:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

¿Alguna inconsistencia en aquella declaración? No una, sino varias; no nacemos libres, y mucho menos iguales. En primer lugar, ninguno de ellos tiene la misma concepción de libertad, ¿entonces cómo podríamos hablar de una universalidad de la palabra libertad? En segundo lugar, aun teniendo concepciones distintas sobre libertad, ninguno de ellos es realmente libre; todo no es más que una libertad ficticia, y nada mejor que los ejemplos que tenemos en nuestro día a día para comprenderlo adecuadamente.

Volviendo a Corea del Norte, Ri Se-Gwang ganó la medalla olímpica de oro en salto en la justa olímpica antes mencionada; cuando era premiado, no hubo alegría en su rostro, su pétrea mirada cumplía formalmente con los saludos a su bandera como si de un militar se tratase, cuando la prensa preguntó por esta victoria el tan solo dijo La medalla no significa absolutamente nada para mí. Es un regalo que le hago a mi país. Esta medalla es la alegría para mi patria. Palabras distintas a la de la mayoría de los ganadores, sin emociones, sin una sola lágrima de felicidad, solo con su mirada fija en el objetivo del deber cumplido: ofrecer la victoria a su líder.

Cuando regresó a Corea del Norte, le esperaba un recibimiento apoteósico, un departamento obsequio del Gobierno para él y su familia y unas cuantas comodidades más, carentes para el resto de la población. Esa es la suerte de los ganadores en Corea del Norte; los que fracasan a veces tienen vicisitudes en su posterior regreso; al igual que un soldado, ellos son puestos a prueba sobre su desempeño deportivo, en caso de no estar acorde a lo considerado correcto, sufrirán un castigo para que cree en ellos conciencia; normalmente el castigo consta de trabajos forzosos en los campos o en la construcción.

¿Qué hubiese pasado si aquel ganador de la medalla de oro no regresaba a su país? Lo más probable, aunque aún no se conoce un caso concreto, es que la familia sufra las consecuencias de su deserción; su partida es un arma de doble filo, dejan como prenda para asegurar su regreso a sus seres queridos, ¿es esto libertad?

El trabajador chino, el que catorce horas diarias se esfuerza con una misma costura para obtener un ingreso promedio de dos dólares diarios cree que su libertad radica en las dos horas extras que lo dejan quedarse trabajando en su propio producto, que después lo podrá vender en el mercado negro a un precio menor al calzado original; él es libre, podría no trabajar esas dos horas y dirigirse a casa, está siendo dueño de su destino.

El joven estadounidense trabajó arduamente para encontrar treinta días de libertad en la India; podría haber prescindido del viaje y trabajar menos horas, o de hecho ni siquiera trabajar y dedicarse plenamente al estudio; podría también no estudiar y dedicarse a trabajar lo suficiente para viajar; en el también habita otro tipo de libertad.

La mujer siria también podría ser libre de elegir, quedarse en Alepo estaba dentro de su decisión, obligar a sus hijos a que se queden con ella era su deber; si una bomba acababa con su vida y la de su familia era su decisión, si sus hijas eran violadas por las tropas militares o los rebeldes, también era su decisión. Pero en su libertad tomó la opción de huir e intentar encontrar fortuna lejos del lugar al que pertenece, a pesar que el riesgo de terminar encerrada en un campo de refugiados (que a estas alturas de la situación no están lejos de parecerse a los campos de concentración nazis) era inminente.

Todos ellos eran libres de elegir, pero su libertad estaba siempre limitada.

Los seres humanos estamos en una especie de zoológico y nos hemos acostumbrado al espacio que “buenamente” nos han entregado, al igual que los animales que ahí se exhiben. Vamos a un caso sencillo; un zoológico decente en Estados Unidos le otorgará una espacio lo suficientemente amplio a sus jirafas para que se adapten de la mejor forma al cautiverio, simulando ser la mima África, solo que entre cuatro paredes y con suficientes cámaras de seguridad. En la ciudad de Loja, Ecuador, las dos jirafas que el alcalde de la ciudad desea adquirir, no gozarán de los mismos beneficios, no existen las condiciones suficientes ni la preparación correcta para atenderlas, las instalaciones están a años luz de simular el territorio Africano, sin embargo las jirafas caminarán tranquilamente por el lugar, creyendo que son libres de utilizarlo a su gusto; pero sigue siendo lo mismo, son cuatro paredes. Para no extender el ejemplo más allá de lo debido, regresemos a África, ubiquemos a las jirafas en su hábitat natural, obviamente, olvidándonos de los cazadores y de los seres humanos que ponen en riesgo su existencia. Son libres, totalmente libres y están en el lugar al que pertenecen, ¿corren riesgos? Efectivamente, pero de la forma en que debemos correrlos todos, nadie dice que la estadía en este planeta es sencilla; siempre existirá la posibilidad de enfermarnos, de pelear, de que alguien más requiera nuestra carne para lograr su supervivencia, así entre muchas otras cosas, pero ese es el precio justo a pagar por la libertad.

Sin embargo, aún nos mantenemos distantes de aquella utopía, seguimos en las jaulas porque tenemos un cazador apuntando nuestra cabeza desde afuera, pero bueno, Aldox Huxley es más claro explicando esta situación. En su libro “un mundo feliz” publicado en 1937, evoca claramente la situación social en la que vivimos; el sistema nos está ganando, nos coarta nuestra verdadera libertad ofreciéndonos otro tipo de objetos como libertades. Nos dice que  necesitamos un iphone último modelo para ser socialmente superiores, nos llena de una excesiva cantidad de ropa nuestros armarios para demostrar el poder adquisitivo; mientras más viajes, más libre podrás demostrarte en tus redes sociales.

En resumen, existen miles de formas de libertad, miles de conciencias que las ubican en distintos ámbitos, así que si bien la Declaración Universal de Derechos Humanos intenta de la forma más imparcial posible decir que todos somos libres, no es más que una farsa muy bien elucubrada.

Quiero sentirme libre pero necesito cerca de ciento treinta visas distintas para salir de mi territorio, quiero denunciar un acto de violación de derechos pero si no tengo prueba suficiente no será juzgado quien atentó contra esos derechos, e incluso, puedo resultar acusado por injurias. Quiero un montón de cosas, pero no puedo porque no soy más libre de lo que el sistema lo permite, ¿por qué pasa eso?

John Locke, filósofo inglés conocido como el padre del liberalismo, fuente de inspiración de Voltaire y Rousseau, así como también de los revolucionarios estadounidenses, falleció hace ya más de trescientos años, sin embargo me permito citar una de sus concepciones sobre la libertad.

Donde no hay ley no hay libertad. Pues la libertad ha de ser el estar libre de las restricciones y la violencia de otros, lo cual no puede existir si no hay ley; y no es, como se nos dice, ‘una libertad para que todo hombre haga lo que quiera’. Pues ¿quién pudiera estar libre al estar dominado por los caprichos de todos los demás?

El ser humano está plagado de leyes, muchas de ellas han ayudado a que el mundo hoy siga en pie, pero muchas otras son limitantes para el mismo, para las minorías que al final de cuentas somos mayorías. Aunque sin estas leyes no existiría libertad como bien lo expresa Locke, también estas mismas leyes son causantes de muchas barreras que frenan nuestros ideales.

¿Podríamos vivir sin leyes? Actualmente lo creo imposible, el ser humano aún no termina de evolucionar, sin el Leviatán que nos controle no estaríamos lejos de caer nuevamente en el barbarismo. En Ecuador el treinta de septiembre del año 2010 la Policía Nacional dejó de prestar sus servicios de seguridad ciudadana al pueblo, las causales tienen un tinte político que no merecen explicación en este texto, sin embargo lo que ocurrió con la gente es interesante. Saqueos por doquier en grandes almacenes, robos a mano armada en la calle sin respeto a la vida, destrucción de la propiedad pública y privada. El Leviatán colgó la toalla por un día en Ecuador y el caos empezó a reinar, aún no están listos para prescindir de las leyes.

¿Cuál es la vía de salida? La educación, definitivamente, pero no aquella que adoctrina, sino la que invita a razonar y analizar, a creer que el sistema lleva funcionando mal desde hace muchos años atrás, y no porque unos cuantos tengan un éxito “superlativo”, significa que sea lo correcto. El televisor y la educación han moldeado nuestros pensamientos. Inicias la educación a los tres o cuatro años aproximadamente y esta no para  sino hasta probablemente veinticinco años después cuando has culminado con éxito una maestría que te otorga cierta credibilidad ante el sistema, ¿pero y la credibilidad ante el espejo?

No estamos siendo libres, pero esto no es culpa tan solo del sistema, todos somos un poco responsables de esta situación; creemos que libertad es estar a la vanguardia, imitar el comportamiento de las mayorías, obtener cada vez mayores ingresos para poder gastarlos en más cosas y actuar acorde a lo “socialmente aceptable”. Pero todos esos elementos están repercutiendo en la libertad de alguien: una mujer que gana doce centavos de dólar la hora en una maquila en Bangladesh, un hombre que arriesga su vida consiguiendo litio, material que compone la batería de la mayoría de aparatos electrónicos de la actualidad; la comida que llega a tu mesa pero que desconoces todo el sufrimiento que hay detrás de ella.

Sí, muchas veces somos libres, pero muchas veces también pagamos nuestra libertad con la libertad de alguien más. Nada justificativo para eso, de ahí nace la interrogante que éste ensayo lleva como título, descubriendo la libertad.

¿Dónde se encuentra nuestra libertad?

Como lo indiqué al principio, yo encontré la libertad en el momento en que escribía este texto en el computador; pero aquello es solo una gota de agua en el inmenso océano de nuestras posibilidades. Sería ideal que todos en este planeta utilicemos aquella pequeña gota de agua que día a día llamo ‘cuestionar’. Si somos más los que cuestionamos, si vamos un paso a la vez derribando mitos podríamos llegar a ese horizonte que nos aguarda detrás de las utopías. Como lo manifestaba Eduardo Galeano; por lo menos estamos caminando.

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